11/05/2026 23:00 (UTC)
En 1975, la catedrática británica Laura Mulvey publicó ‘Placer visual y cine narrativo’, donde argumentaba que el cine estaba construido en torno a dinámicas patriarcales que determinaban cómo las mujeres eran representadas: objetos sexuales relegados a un segundo plano. Lo llamó “male gaze” (mirada masculina, en español). Término del que surge su contraposición: ‘female gaze’ (mirada femenina), una alternativa a la representación cinematográfica de las mujeres.
El cine siempre narra una historia. Por ello, la diferencia entre la mirada masculina y la femenina no es la historia en sí, sino cómo se cuenta, desde qué perspectiva y cómo influye en la forma de interpretar la acción y los personajes. ¿Cómo se crea la mirada masculina?.En la mirada masculina, “las mujeres son simultáneamente observadas y exhibidas, con su apariencia codificada para un fuerte impacto visual y erótico, de modo que se puede decir que connotan ser objeto de mirada”, escribe Mulvey. Una perspectiva que, para la teórica del cine, se compone de tres miradas interconectadas: la de la cámara —cómo se graba la película: encuadre, montaje, planos…—, la del personaje o cómo los protagonistas masculinos observan a los femeninos dentro de la narrativa; y la de la audiencia, influenciada por las anteriores, donde el espectador adopta un punto de vista masculino. En todas ellas, la mujer ocupa una posición en la que es exhibida como un objeto moldeado por y para las fantasías...
En 1975, la catedrática británica Laura Mulvey publicó ‘Placer visual y cine narrativo’, donde argumentaba que el cine estaba construido en torno a dinámicas patriarcales que determinaban cómo las mujeres eran representadas: objetos sexuales relegados a un segundo plano. Lo llamó “male gaze” (mirada masculina, en español). Término del que surge su contraposición: ‘female gaze’ (mirada femenina), una alternativa a la representación cinematográfica de las mujeres.
El cine siempre narra una historia. Por ello, la diferencia entre la mirada masculina y la femenina no es la historia en sí, sino cómo se cuenta, desde qué perspectiva y cómo influye en la forma de interpretar la acción y los personajes. ¿Cómo se crea la mirada masculina?.En la mirada masculina, “las mujeres son simultáneamente observadas y exhibidas, con su apariencia codificada para un fuerte impacto visual y erótico, de modo que se puede decir que connotan ser objeto de mirada”, escribe Mulvey. Una perspectiva que, para la teórica del cine, se compone de tres miradas interconectadas: la de la cámara —cómo se graba la película: encuadre, montaje, planos…—, la del personaje o cómo los protagonistas masculinos observan a los femeninos dentro de la narrativa; y la de la audiencia, influenciada por las anteriores, donde el espectador adopta un punto de vista masculino. En todas ellas, la mujer ocupa una posición en la que es exhibida como un objeto moldeado por y para las fantasías...
En 1975, la catedrática británica Laura Mulvey publicó ‘Placer visual y cine narrativo’, donde argumentaba que el cine estaba construido en torno a dinámicas patriarcales que determinaban cómo las mujeres eran representadas: objetos sexuales relegados a un segundo plano. Lo llamó “male gaze” (mirada masculina, en español). Término del que surge su contraposición: ‘female gaze’ (mirada femenina), una alternativa a la representación cinematográfica de las mujeres.
El cine siempre narra una historia. Por ello, la diferencia entre la mirada masculina y la femenina no es la historia en sí, sino cómo se cuenta, desde qué perspectiva y cómo influye en la forma de interpretar la acción y los personajes. ¿Cómo se crea la mirada masculina?.En la mirada masculina, “las mujeres son simultáneamente observadas y exhibidas, con su apariencia codificada para un fuerte impacto visual y erótico, de modo que se puede decir que connotan ser objeto de mirada”, escribe Mulvey. Una perspectiva que, para la teórica del cine, se compone de tres miradas interconectadas: la de la cámara —cómo se graba la película: encuadre, montaje, planos…—, la del personaje o cómo los protagonistas masculinos observan a los femeninos dentro de la narrativa; y la de la audiencia, influenciada por las anteriores, donde el espectador adopta un punto de vista masculino. En todas ellas, la mujer ocupa una posición en la que es exhibida como un objeto moldeado por y para las fantasías...
En 1975, la catedrática británica Laura Mulvey publicó ‘Placer visual y cine narrativo’, donde argumentaba que el cine estaba construido en torno a dinámicas patriarcales que determinaban cómo las mujeres eran representadas: objetos sexuales relegados a un segundo plano. Lo llamó “male gaze” (mirada masculina, en español). Término del que surge su contraposición: ‘female gaze’ (mirada femenina), una alternativa a la representación cinematográfica de las mujeres.
El cine siempre narra una historia. Por ello, la diferencia entre la mirada masculina y la femenina no es la historia en sí, sino cómo se cuenta, desde qué perspectiva y cómo influye en la forma de interpretar la acción y los personajes. ¿Cómo se crea la mirada masculina?.En la mirada masculina, “las mujeres son simultáneamente observadas y exhibidas, con su apariencia codificada para un fuerte impacto visual y erótico, de modo que se puede decir que connotan ser objeto de mirada”, escribe Mulvey. Una perspectiva que, para la teórica del cine, se compone de tres miradas interconectadas: la de la cámara —cómo se graba la película: encuadre, montaje, planos…—, la del personaje o cómo los protagonistas masculinos observan a los femeninos dentro de la narrativa; y la de la audiencia, influenciada por las anteriores, donde el espectador adopta un punto de vista masculino. En todas ellas, la mujer ocupa una posición en la que es exhibida como un objeto moldeado por y para las fantasías...
Story content:
Retrato de Lynn Goldsmith, compositora, directora de cine y fotógrafa, con motivo de su exposición ‘Rock & Roll Stories’. La diferencia entre la mirada masculina y la femenina no es la historia en sí, sino cómo se cuenta, desde qué perspectiva y cómo influye en la forma de interpretar la acción y los personajes. EFE/Sergio G. Cañizares.
Phoebe Waller-Bridger en una escena de la segunda temporada de ‘Fleabag’. Amazon Studios.
De izquierda a derecha, la actriz italiana Valeria Golino, la actriz francesa Adele Haenel; la directora francesa Celine Sciamma, y las actrices francesas Noémie Merlant y Luana Bajrami posan para los fotógrafos durante la presentación de la película ‘Retrato de una mujer en llamas’ en la 72ª edición del Festival de Cannes (Francia). EFE/Julien Warnand.
Las manos de las actrices Cynthia Erivo (izquierda) y Ariana Grande durante el estreno de ‘Wicked: parte II’ en Londres (Reino Unido). La mirada femenina posiciona a los personajes femeninos como sujetos activos, no como objetos. EFE/EPA/Neil Hall.
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