Reportaje

13/08/2001 12:00 (UTC)

Esta semana:

RAFAEL AMARGO, UN BAILARÍN MUY FLAMENCO

  • Fecha: 13/08/2001 12:00 (UTC)
  • Fotos: 3
  • Palabras: 808
  • Referencia: 4000003720

-- “No soy un bailarín de escuela, sino de vida. La danza y el flamenco tienen su escuela en la experiencia. Soy una esponja, me gusta empaparme de todo. Soy un bailarín nato, emocional y sentío”



-- “No hay fusión, hay buena danza, y se acabó. Creo que la fusión en el flamenco se pasará de moda, pero el flamenco en sí, es arte. No me gusta innovar”



-- De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas

A sus 26 años, Rafael Amargo es el nuevo talento del flamenco. De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura, tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas. “Soy un bailarín nato, emocional y sentío”.

No quiere ser un divo, acude a la cita acompañado por dos bailaoras de su compañía y, ante la insistencia de sus ayudantes para que se suba al escenario, Amargo les contesta: “Hablaré con los periodistas en el patio de butacas, sin micrófonos, como si estuviera con un grupo de amigos”.

Su corazón, sentimientos y estado de ánimo mandan sobre el espectáculo. Si se sube al escenario y empieza a bailar con seguiriyas o soleás, el público sabe que está triste. Si se arranca por alegrías, bulerías o rondeñas, el bailaor está feliz, pletórico.

SU NACIMIENTO COMO ARTISTA Sin embargo, convertirse en el bailaor Rafael Amargo no ha sido nada fácil. A los nueve años le dijo a su padre que quería...

  • Fecha: 13/08/2001 12:00 (UTC)
  • Fotos: 3
  • Palabras: 808
  • Referencia: 4000003720

-- “No soy un bailarín de escuela, sino de vida. La danza y el flamenco tienen su escuela en la experiencia. Soy una esponja, me gusta empaparme de todo. Soy un bailarín nato, emocional y sentío”



-- “No hay fusión, hay buena danza, y se acabó. Creo que la fusión en el flamenco se pasará de moda, pero el flamenco en sí, es arte. No me gusta innovar”



-- De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas

A sus 26 años, Rafael Amargo es el nuevo talento del flamenco. De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura, tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas. “Soy un bailarín nato, emocional y sentío”.

No quiere ser un divo, acude a la cita acompañado por dos bailaoras de su compañía y, ante la insistencia de sus ayudantes para que se suba al escenario, Amargo les contesta: “Hablaré con los periodistas en el patio de butacas, sin micrófonos, como si estuviera con un grupo de amigos”.

Su corazón, sentimientos y estado de ánimo mandan sobre el espectáculo. Si se sube al escenario y empieza a bailar con seguiriyas o soleás, el público sabe que está triste. Si se arranca por alegrías, bulerías o rondeñas, el bailaor está feliz, pletórico.

SU NACIMIENTO COMO ARTISTA Sin embargo, convertirse en el bailaor Rafael Amargo no ha sido nada fácil. A los nueve años le dijo a su padre que quería...

  • Fecha: 13/08/2001 12:00 (UTC)
  • Fotos: 3
  • Palabras: 808
  • Referencia: 4000003720

-- “No soy un bailarín de escuela, sino de vida. La danza y el flamenco tienen su escuela en la experiencia. Soy una esponja, me gusta empaparme de todo. Soy un bailarín nato, emocional y sentío”



-- “No hay fusión, hay buena danza, y se acabó. Creo que la fusión en el flamenco se pasará de moda, pero el flamenco en sí, es arte. No me gusta innovar”



-- De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas

A sus 26 años, Rafael Amargo es el nuevo talento del flamenco. De niño quería ser como su ídolo Antonio Gades, pero desde que vio la película “El amor brujo”, de Carlos Saura, tuvo claro que su vida era el baile. Ahora sabe que nunca se quitará las botas. “Soy un bailarín nato, emocional y sentío”.

No quiere ser un divo, acude a la cita acompañado por dos bailaoras de su compañía y, ante la insistencia de sus ayudantes para que se suba al escenario, Amargo les contesta: “Hablaré con los periodistas en el patio de butacas, sin micrófonos, como si estuviera con un grupo de amigos”.

Su corazón, sentimientos y estado de ánimo mandan sobre el espectáculo. Si se sube al escenario y empieza a bailar con seguiriyas o soleás, el público sabe que está triste. Si se arranca por alegrías, bulerías o rondeñas, el bailaor está feliz, pletórico.

SU NACIMIENTO COMO ARTISTA Sin embargo, convertirse en el bailaor Rafael Amargo no ha sido nada fácil. A los nueve años le dijo a su padre que quería...

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