Reportaje

18/06/2003 12:00 (UTC)

GENTE

Padre Pistolas, un cura de armas tomar

  • Fecha: 18/06/2003 12:00 (UTC)
  • Autor: Edgar Hernández
  • Fotos: 10
  • Palabras: 1662
  • Referencia: 4000008348

Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

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  • Autor: Edgar Hernández
  • Fotos: 10
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  • Referencia: 4000008348

Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

  • Fecha: 18/06/2003 12:00 (UTC)
  • Autor: Edgar Hernández
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  • Referencia: 4000008348

Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

  • Fecha: 18/06/2003 12:00 (UTC)
  • Autor: Edgar Hernández
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  • Referencia: 4000008348

Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

Pistola en mano, el padre comenzó su obra. En años anteriores...

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

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Por las calles de Jaral se ven pocas personas, pero es fácil localizar al Padre Pistolas porque en su casa retumban los bafles con rancheras y boleros a todo volumen. Es la música que el mismo ha grabado. Y así recibe a sus visitas; con su pistola en la cintura, vestido de charro, con vistosas botas de piel de cobra o de avestruz y un cinturón con una enorme chapa de oro.

El sacerdote Alfredo Gallegos, el "Padre Pistolas", lleva 25 años en el caserío mexicano de Jaral del Refugio, al sur del estado de Guanajuato, predicando la religión católica con una pistola en la cintura.

Es cantante, constructor, enfermero y policía. Sin ninguna modestia cuenta sus hazañas, sus pleitos y sus obras. Vanidoso y excéntrico, el cura de 52 años, 1,96 metros de altura y más de 100 kilos de peso, promulga su celibato como un trofeo más en este poblado de mujeres solas, en donde la emigración se llevó a la mayoría de los hombres.

Llegó al Jaral después de que otros veinte sacerdotes se negaran a ir por las paupérrimas condiciones que encontraban. Llegó con la pistola en la cintura, y el ademán de utilizarla si fuese necesario, en un jeep de la Segunda Guerra Mundial y con una muda de ropa que ya había sufrido los rigores del desierto del estado de Baja California, donde pasó dos accidentados años como misionero.

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Contenidos del Reportaje:

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El padre pistolas en la sacristía de su iglesia. En el costado derecho de su cinto se puede apreciar la pistola que luce con cachas de oro

El padre pistolas con la casulla puesta a la puerta de su iglesia

El Padre Pistolas, con feligreses de Jaral

Durante la entrevista.

Una ranchera siempre alegra a la feligresía

La pistola y él

Recuerdos del Padre Pistolas

El padre Pistolas, no desaprovecha las visitas políticas o electorales para posar y pedir beneficios para Jaral

De pequeño

El Padre Pistolas y la música

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