Reportaje

18/07/2003 12:00 (UTC)

GALERÍA DE ARTE:

Jordania, tras la huella de los reyes y profetas bíblicos

  • Fecha: 18/07/2003 12:00 (UTC)
  • Autor: Desconocido
  • Fotos: 8
  • Palabras: 1405
  • Referencia: 4000008659

En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

La montaña en...

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  • Autor: Desconocido
  • Fotos: 8
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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

Madaba y Maqueronte

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En torno al año 400, una mujer, Eteria, originaria del Bierzo (noroeste de España) peregrinó por Oriente en busca de los lugares sagrados del cristianismo. Hoy, en la iglesia franciscana del Monte Nebo aún se denomina a uno de sus altares “de Eteria”; es un detalle más que recuerda el eterno atractivo espiritual que despierta Jordania, espacio donde se movieron los reyes y profetas bíblicos.

Los lugares que guardan vinculación con la Biblia y los orígenes del cristianismo son múltiples. En medio de la soledad de una geografía desértica y accidentada surge una inmensa colina de color marrón, sobre la que emergen los diminutos destellos blancos de una columnata. Es Maqueronte (Mukawir), la vieja ciudadela donde se alzó el palacio de Herodes Antipas, y donde se cortó la cabeza a Juan El Bautista.

Esta tierra áspera es Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.

Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.

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Contenidos del Reportaje:

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Iglesia del Monte Nebo. Detalle de un antiguo mosaico de temática cristiana.

Monte Nebo. Detalle de otro mosaico de temática cristiana

En la iglesia de Monte Nebo aún se recuerda a Eteria, una inquieta viajera de la época de dominación romana

Monte Nebo. El gran mosaico de la Iglesia conmemorativa de Moisés, con escenas de caza. Mide nueve metros de largo por tres de ancho.

La colina de Maqueronte, donde estaba el palacio de Herodes Antipas, donde se cortó la cabeza al Bautista.

En medio de la soledad desértica del entorno del mar Muerto se alza la colina de Maqueronte. En la cima se observan columnas, en medio de la ladera restos de las murallas y los huecos de los algibes.

En la soledad desértica surgen, a 60 grados de temperatura, las aguas de Hammamat Ma’in, ya apreciadas por sus propiedades en la antigüedad.

El agua del Mar Muerto es aceitosa, densa, salitrosa y amarga. Multitud de turistas van allí por sus propiedades curativas, especialmente referidas a las enfermedades de la piel. Para combatirlas se embadurnan de los limos negros del lugar.

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