Reportaje

28/05/2002 12:00 (UTC)

MÚSICA:

Festimad 2002: “Bienvenido a territorio comanche”

  • Fecha: 28/05/2002 12:00 (UTC)
  • Autor: Luis Alvarez
  • Fotos: 7
  • Palabras: 1270
  • Referencia: 4000005157

Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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  • Autor: Luis Alvarez
  • Fotos: 7
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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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  • Fotos: 7
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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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Un año más, durante dos días, Madrid ha acogido uno de los festivales de música alternativa más importantes de Europa. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI y porque Jim Morrison, Janis Joplin y Hendrix ya no se encuentran entre el mundo de los vivos, el Soto de Móstoles, al sur de Madrid, bien podría ser un Wooodstock de aquellos de finales de los años sesenta

No obstante las diferencias son drásticas, las drogas se han modernizado mucho, la música nacional e internacional agoniza y ninguno de los grupos que forman el cartel de este macroconcierto va a pasar a formar parte de la galería de mitos de la historia del rock o el heavy por mucho ruido o promoción que hagan. Aquellos buenos tiempos ya pasaron, pero el planteamiento no deja de ser el mismo: un aforo para 25.000 personas, un despliegue de seguridad de 200 matones, 40 voluntarios de Cruz Roja, cuatro ambulancias, dos dotaciones de bomberos, y 350.000 m2 para que la gente disfrute durante dos días de miles de litros de cerveza al ritmo de cientos de miles de watios descargados desde el medio día hasta altas horas de la madrugada. La oferta es tan amplia como heterogéneo es el público que año tras año peregrina desde todos los puntos de España y desde el extranjero para darse cita en uno de los festivales con más renombre en Europa. Basta con darse un rodeo para hacerse una idea de lo...

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